martes, 23 de agosto de 2016

UNA DEMOCRACIA AGOTADA Y UN CICLO CUMPLIDO

Hace tiempo que vengo cuestionando este tipo de democracia, donde nuestros representantes cambian de posturas según su conveniencia u oportunismo político sin respetar la voluntad popular o los principios ideológicos y programáticos que lo llevaron a ocupar un cargo representativo.  Sabemos que estos “reacomodamientos” no son nuevos, como tampoco las traiciones ideológicas. Sin ir muy lejos, el ex presidente Carlos Menem dijo “si yo decía lo que iba hacer, no me votaba nadie” y el actual presidente Mauricio Macri que dijo “Si yo les decía a ustedes hace un año lo que iba a hacer y todo esto que está sucediendo, seguramente iban a votar mayoritariamente por encerrarme en el manicomio”. Si dos presidentes se animan a decir desfachatadamente que nos mintieron, que les queda al resto de los representantes y para la sociedad.
De qué sirve elegir a un representante, sea el cargo electivo que fuere, desde el más alto al más bajo, si en cualquier momento se pelea o arregla con el poder de turno y abandona su posición o partido que lo llevo a ese cargo. Parafraseando a Jacobo Winigrad, “Billetera mata principios”.
Apenas perdidas las elecciones por el Frente por la Victoria y tras la asunción de los nuevos diputados, un grupo de ellos encabezados por Diego Bossio, ex funcionario y fiel defensor del kirchnerismo hasta el año pasado, decidió separarse del bloque del Frente para la Victoria, armar un bloque aparte y colaboraron con el Gobierno para aprobar proyectos que van en contra de lo que sostiene ideológicamente la fuerza que lo llevó a ocupar ese puesto. Igual ocurrió con muchos senadores, el gobierno arreglo con los gobernadores para darles algo de lo que se les debía de coparticipación y muchos levantaron obedientemente la mano aprobando proyectos contrarios a lo que venían sosteniendo: Pago a los biutres en condiciones desfavorables para el país y con endeudamiento, pliego a jueces de la corte suprema a personas de dudosa idoneidad e independencia, avalaron a los dos candidatos a ocupar cargos en la AFI (ex SIDE) de escasos y reprochables antecedentes y blanqueo de capitales entre algunos de los proyectos que acompañaron del Gobierno. Una cosa es posibilitar la gobernabilidad y otra aprobar leyes que van en contra de posturas ideológicas del conjunto de los ciudadanos que los votaron para que defendieran una concepción de País distinto a la orientación del gobierno. Si no comparten la postura de su bloque o de su partido, lo más honesto correspondería renunciar al cargo para el que fueron elegidos y dejar ese lugar a otro que respete la voluntad de los votantes, pero no producir estas traiciones para sobrevivir. Incluso pueden crear una nueva fuerza o afiliarse al partido que más lo represente, pero no corresponde estafar a los votantes, quedarse con el cargo y hacer lo contario para lo que lo votaron. Se hacen dueños de un cargo el cual no les pertenece. También se ha visto que algunos dirigentes dentro del propio partido (FPV), tratan de copiar o parecerse al que gano las elecciones (Urtubey), ya ha ocurrido anteriormente, terminan siendo funcionales al Gobierno.
Mientras las bases se expresan, se movilizan, pelean y salen a la calle para hacer oír su descontento con las distintas medidas económicas y sociales, algunos políticos de la oposición “Justicialismo - PJ” acompañan medidas propuestas por el Gobierno que afectan a esa base que los voto o hace la simple pantomima de oponerse. Mientras la sociedad reclama indignada, la dirigencia que no quiere perder su poder de negociación, demuestra que no está a la altura de las circunstancias.
Otros partidos o bloques, se muestran opositores pero en definitiva terminan siendo “colaboracionistas” del oficialismo (deriva del francés collaborationniste, término atribuido a todo aquello que tiende a auxiliar o cooperar con el enemigo). Se muestran en los medios o en sus declaraciones como opositores intransigentes, diciendo lo que la gente quiere escuchar y después arreglan y acuerdan todo con el oficialismo. 
Es por ello que sostengo que esta democracia, así como está ahora ya está perimida, no me representa ni me sirve. Es una democracia de fachada, cada vez más vaciada, una democracia de bajísima intensidad y participación. No sé cuál será el camino más correcto para revertir esta democracia perimida e ineficiente, quizás una democracia más directa, participativa, revocatoria y revolucionaria. Quizás haga falta una reforma constitucional y política con mayor participación social y que refleje las demandas de la calle y que no sea rehén de las fuerzas capitalistas. Los partidos políticos no pueden tener más el monopolio de la representación política. Los movimientos y organizaciones sociales deben encontrar la forma de participar directamente. Se debe encontrar las fuerzas que hagan posible un nuevo modelo o ciclo que haga más duradero y menos frágil las conquistas, como así también que las conquistas sean menos reversibles.
Los ejemplos más patéticos han sido los hechos ocurridos en Honduras, Paraguay y Brasil u otros del mismo estilo, pero que no han tenido éxito en Ecuador y Bolivia, donde la democracias demuestran que son fácilmente manipulables y de que si alguien gana las elecciones y obtiene el derecho y el mandato popular de gobernar, fuerzas anti democráticas ligadas al poder real (establishment) deciden que no debe gobernar, para lograrlo se une una conjunción de factores: un Poder Judicial conservador, medios de comunicación hegemónicos y empresarios, todos al servicio de esas fuerzas antidemocráticas y del capital internacional, junto a la confabulación de parlamentarios sacan a presidentes elegidos democráticamente con argumentos falaces. Entonces, como dije antes, Presidentes que llegan al gobierno mintiendo, Diputados y Senadores que no respetan la voluntad de los votantes haciendo lo contrario para lo que lo elegidos, la existencia de un poder (establishment o círculo rojo) detrás del poder, una casta judicial conservadora y que sólo funciona para poderosos y ricos, que actúa sólo contra aquellos que pierden el poder, medios de comunicación que se vanaglorian de poner o sacar presidentes, de qué sirve el voto, de que sirve esta democracia.
La judicialización de la política, llevó a la politización de la justicia. Aquí también el modelo de justicia está agotada, pero ya hemos visto que toda propuesta de cambio se enfrenta a una estructura anacrónica, burocrática y medieval, producto de una cultura colonial y monárquica judicial vigente. Hay una alarmante selectividad penal del sistema, mano dura para pobres y caducidad para los poderosos, por ello es la escasa cantidad de condenas en casos de corrupción. Esta es otra de las grandes deudas de esta democracia, lo que provoca que los medios de comunicación dicten condenas sin juicios. Esta falta de justicia afecta a los sectores más vulnerables de la ciudadanía.
Una de las cosas que nos quedó grabado en nuestra memoria ha sido la frase de Evita “El peronismo será revolucionario o no será nada” y creo que lo único posible es que sea revolucionario para cambiar las estructuras conservadoras y sectores de elite que no quieren perder sus privilegios. Desde mi punto de vista, el Peronismo hasta ahora ha sido sólo reformista, y así y todo ha producido avances importantes para los trabajadores y las clases más postergadas del País y por eso, esa elite y sectores privilegiados o que no los son pero se lo creen, no lo toleran y lo combaten tanto.
Siempre sostuve o creí que la política era el medio o el instrumento para alcanzar una condición de vida mejor para todos los ciudadanos, pero como se puede ver, “los que hacen política” especulan y hacen sus propios negocios, por encima de las convicciones, ya no importa tener coherencia ideológica, tan solo interesa su posicionamiento personal, por ello se ve que tantos hoy están con unos y mañana con otros, aunque estén a las antípodas ideológicamente, un día defienden las privatizaciones y mañana las estatizaciones, son simples mercenarios. Mientras los ciudadanos comunes discutimos acaloradamente por tal o cual político, muchos de ellos hacen su juego para perdurar en algún cargo.
Los cambios de modelo económico, productivo, político, fiscal, financiero, de medios comunicación, entre otros, se pueden hacer en un modelo democrático pero de concepción revolucionaria, por lo tanto este modelo y ciclo está agotado.
Modestamente creo que hay dos posiciones claras y quizás desde siempre, aquellos que creen en un Estado que asuma la responsabilidad del bienestar de sus ciudadanos, y defienda al más débil sobre el poderoso (Estado solidario), y aquellos neoliberales - conservadores que sostienen en un Estado ausente o pequeño, donde el mercado es el encargado de regular todo, el que derramara sus ganancias sobre los que menos tienen, para que cada uno alcance su propio bienestar (individualismo). La prueba está en el mundo actual, dominado por políticas neoliberales que propician el libre comercio y la globalización, han contribuido a la concentración de la riqueza en las manos de unos pocos ricos; han incrementado la pobreza de la mayoría de la población del mundo; y mantienen patrones insostenibles de producción y consumo. No deja de asombrar el poderío y los métodos de persuasión y convencimiento que tiene el “poder real” para dominar un mundo donde la mayoría de la gente está desde una condición media hacía abajo, por ende la más perjudicada. Donde la distribución de las riquezas es tan dispar, donde millones de seres humanos mueren de hambre o están desnutridos en un mundo donde sobran los alimentos. Pero lo más asombroso, que esas mayorías y pueblos perjudicados, elijan generalmente gobernantes que representan a quienes los hambrean o empobrecen. El mundo es un lugar injusto, hostil y deplorable para millones de personas y los culpables son aquellos poderosos insaciables que acaparan riquezas o que saquean los recursos naturales de los países más pobres en beneficio propio o de un sector selecto. Es difícil aceptar que haya quienes podrían erradicar el hambre y salvar a cientos de miles de personas y no lo hagan. Seguramente sus bolsillos llenos y sus abultadas cuentas bancarias en el mundo han anestesiado su conciencia, si la tienen.
Mientras los sectores populares y progresistas se pelean, se dividen y sub dividen por diferentes matices, la derecha se consolidó y produjo su propia revolución, desplazando a gobiernos denominados “progresistas” por medio de elecciones o los “golpes blandos” que vienen a reemplazar a los golpes de estado que hacían, años atrás, los militares con el mismo fin, privilegiar a un sector de mayor concentración de riquezas y en perjuicios de los sectores menos pudientes.
Después de estos conceptos, digo que no renuncio a mis convicciones, a mis ideales y a las experiencias vividas de un peronismo revolucionario. Orgulloso de haberme formado políticamente en los 70, de haber sido un participe más de todo ese movimiento y ser un ciudadano de la Patria Grande. Por ello creo que se hace imprescindible refundar el Movimiento Peronista, conservando los valores y principios ideológicos fundamentales y esencialmente humano, donde el hombre sea el centro de toda acción política. Hay que ser capaces de romper con el sistema, el peronismo fue revolucionario y debe recuperar ese espíritu, por lo tanto para volver a ser alternativa debe romper con lo pre establecido, debe forjar y redefinir ideales para luchar contra la pobreza, la desocupación, la explotación, debe instalar una conciencia de resistencia contra la continua degradación social, recuperar el discurso del pueblo, crear trabajo genuino. Hay que volver a insertarse en la sociedad y apoyar las demandas de los ciudadanos. Apoyar el reclamo de las necesidades más urgentes y el derecho que les asiste por tener la verdad. Hay que demostrarle a la gente que su voluntad es respetada y que el poder no lo acaparan grandes corporaciones financieras, empresarias, de medios o políticas. Es imprescindible abrir en todos los sectores un profundo y amplio debate sobre el destino de nuestro País. Sin excluir a los mayores, es necesario que las nuevas generaciones, dueñas del futuro, asuman la responsabilidad de replantear, delinear y planificar el País en que desean vivir.
El Peronismo debe recuperar su mística, su historia, su ideología y sus banderas. Tiene la obligación de producir la revolución política, gobernar con la gente, promover el cambio ético y moral más profundo de la historia, poner todo el énfasis en recuperar una justicia independiente y todas las instituciones y, por último sentar las bases para el cambio cultural que nos proporcione una profunda identidad nacional para siempre.
La mayoría de los que se dicen hoy dirigentes del peronismo no están a la altura de las circunstancias, se mimetizan con los poderosos y el PJ es un simple cascaron vacío. El peronismo está en la calle, movilizándose, resistiendo y orgullosos de su sentimiento. 
Hay un texto en la página Voces en el Fenix (http://www.vocesenelfenix.com/content/las-deudas-de-la-democracia) Las deudas de la democracia de Juan S. Pegararo, del cual extraigo algunos párrafos para que me ayude a fundamentar mi pensamiento.
Considero que el sistema político está influenciado o mejor dicho sometido por la estructura socio-económica y la existencia en él del establishment, cuyo objetivo político es reproducir y ampliar el orden social que ha impuesto históricamente y que siempre trata de naturalizar. Este orden social es la “sociedad” real cuyo observable es un orden social con sus desigualdades, con sus diferencias, con sus jerarquías, con sus múltiples relaciones de dominación y sometimiento.
El establishment (“La Elite del Poder”) no es solo un conjunto de personas o empresas sino una trama de relaciones sociales que se propone como objetivo mantener el statu quo que se expresa en las formas en la que se objetiva la desigualdad social. El establishment está compuesto en la actualidad por los profesionales de la política (la llamada clase política), los medios de comunicación concentrados que además de moldear subjetividades establecen la agenda de qué debe discutir o aceptar la opinión pública; a esto se agrega el funcionamiento selectivo del Poder Judicial; esta trama o matriz de dominación del capital financiero incluye a empresarios y banqueros que marcan la dirección de la economía política invocando el bien común y el orden jurídico, y también producir el miedo al cambio, a lo desconocido, a relaciones sociales sin orden ni ley.
Propongo como hipótesis para estas reflexiones sobre “las deudas de la democracia” que debemos considerarlas más que como “deudas” de la Democracia, deudas de la democracia realmente existente, evitando su invocación como panacea universal de la vida en común. Por lo tanto ella, la democracia realmente existente, será el asunto a considerar, empezando por su diferencia de regímenes autoritarios o dictatoriales que no respetan la voluntad popular para elegir a sus representantes en el gobierno del Estado. No obstante esta crucial diferencia, la voluntad popular expresada electoralmente merece también algunas consideraciones por la presencia en la vida social de los medios de comunicación que formatean en gran medida tal voluntad popular; además nuestra hipótesis es que la voluntad popular en la democracia realmente existente se manifiesta condicionada por el sistema económico-político capitalista, y en especial por la hegemonía del capital financiero que le impone por medio de la desigualdad social sus valores o sus desvalores.
Por lo tanto, el sistema político, aun con su énfasis en la elección democrática de los representantes del pueblo para gobernar, manifiesta su debilidad o impotencia estructural para resolver o disminuir la desigualdad social, que para los sectores sometidos se traduce en formas de su mayor sufrimiento.
Podemos preguntarnos también: ¿es compatible la hegemonía del capital financiero (el actual neoliberalismo) con las formas políticas democráticas? Y la desigualdad social ¿es compatible con la democracia? ¿Es de la naturaleza la desigualdad en el orden social capitalista o es una desviación?
Ahora bien, la forma republicana y democrática ¿se caracteriza por la independencia de los poderes, el ejecutivo, el legislativo y el judicial? ¿Qué es la independencia de esos “poderes”? ¿Cómo se expresa su independencia?
En particular, ¿el Poder Judicial es independiente de qué? ¿Del gobierno? ¿De sus personales ideologías?, ¿o acaso se puede concebir a un miembro del Poder Judicial sin ideología? ¿O serán acaso independientes de sus relaciones personales? ¿Son acaso personas que no tienen deseos, pasiones, simpatías, ideología, religión o raza o género o familia o amigos, o compañeros, o compadres? Y esto, ¿no pesa en su concepción del hecho o asunto que debe juzgar? Aplicar la ley proviene de la interpretación de un hecho, de su visibilidad y de su impacto social, de la calidad de la víctima, del victimario, de las circunstancias, de la opinión pública, de la influencia de los medios de comunicación. La existencia en el sistema judicial de una jerarquía de magistrados actuantes es la expresión de diferentes opiniones sobre el evento a juzgar.
Creo que resolver (¿?) esta cuestión de la independencia de los poderes es simplemente una ilusión que les permite a los que la invocan cierta inmunidad social, que se proyecta hacia legitimar su actividad profesional.
Hace unos años Norberto Bobbio, en El futuro de la democracia, se refiere a los grandes proyectos de la modernidad –y en ello incluye a la democracia–, proyectos que fueron concebidos como nobles y elevados, dice, y el contraste que se nos presenta entre lo que había sido prometido y la realidad social. Bobbio señala seis falsas promesas de la democracia como sistema político: 1) El nacimiento de la sociedad pluralista: frente a la idea de un individuo soberano, y por lo tanto de un Estado en la sociedad democrática sin cuerpos intermedios (sin corporaciones o facciones), Bobbio dice que se ha producido lo opuesto. Los grupos ( y facciones) se han vuelto cada vez más sujetos de la acción política, como ser las grandes organizaciones económicas, las corporaciones, las asociaciones, los sindicatos, los partidos políticos y sus facciones y cada vez menos los individuos. El modelo de Estado democrático supuso estar basado en la soberanía popular, que fue ideado a imagen y semejanza de la soberanía del príncipe, como una sociedad monista, pero la sociedad real que subyace en los gobiernos democráticos es de una pluralidad de poderes (policéntrica, poliárquica o policrática) que en sus luchas frente a otros poderes someten a los individuos. 2) También en el desquite de los intereses que en la discusión en la Asamblea de 1791 sobre la representación, dice Bobbio, se sostenía que el diputado una vez elegido (por los intereses privados) se convertía en el representante de la nación y ya no estaba obligado por ningún mandato. Pero en la realidad, esta norma constitucional de la prohibición del mandato imperativo ha sido violada y menospreciada. Se ha instalado un modelo neocorporativo en el que el Estado es cuanto más un árbitro (generalmente impotente) de los acuerdos políticos entre los intereses corporativos o facciosos. 3) La persistencia de las oligarquías: Bobbio sostiene que ha sido una falsa promesa la derrota del poder oligárquico de las elites económicas y sociales; esto no merece mayores comentarios a tenor de las realidades que vivimos y cuyo indicador es la desigualdad en el acceso a niveles de ingresos y la calidad de vida. 4) El espacio limitado de la democracia en el sentido de que se mantiene reducido el espacio donde puede ejercerse la participación en las decisiones que atañen a los ciudadanos. 5) La no eliminación del poder invisible es, creo, no solo una falsa promesa sino la realidad más amenazante, porque como dice el mismo Bobbio, el tema del poder invisible ha sido hasta ahora muy poco explorado; una excepción fue Alan Wolfe en los finales de los años setenta del siglo pasado, que lo describió en Los límites de la legitimidad, dedicándole el capítulo del “doble Estado” ( la “diarquía” le llama Wolfe) en el sentido de que existe un Estado visible y otro Estado invisible. Bobbio cree que esto “...más que una falsa promesa en este caso se trataría de una tendencia contraria a las premisas de la democracia: la tendencia ya no hacia el máximo control del poder por parte de los ciudadanos, sino, por el contrario, hacia el máximo control de los súbditos por parte del poder”. 6) El ciudadano no educado, y Bobbio aquí hace referencia a la necesidad de la virtud entendida como amor y dedicación a la cosa pública, que ha resultado neutralizada por la apatía política, por el desinterés y la disminución del voto de “opinión” en aras del voto de “intercambio” o el voto de clientela, el voto de apoyo político a cambio de favores personales.
En una entrevista de hace unos años en la ciudad de San Pablo, Brasil, Jean Baudrillard decía que la gente, aunque no crea demasiado en los comicios, irá a votar, y los que están en el poder fingirán recurrir al pueblo. La mayoría de las decisiones importantes se toman en una suerte de espacio privado de lo político por personajes que conforman el establishment que está más allá del control democrático, por su poder social. Pero volviendo al “poder invisible”, como le llama Bobbio, como tal no está sujeto a la legalidad formal y su existencia no es otra cosa que ese poder que actúa tanto en el campo de la legalidad como en el de la ilegalidad; además permanece en los márgenes del Estado, pero también dentro del Estado, en el Estado y con el Estado. Un “poder invisible” que dispone no solo de importantes directores o gerentes de empresas, de CEOs, sino también de jueces, de funcionarios públicos, de abogados, de políticos, de comunicadores, de sindicalistas, de militares y de policías y en su caso de sicarios, de los que contingentemente puede disponer, y sobre todo de apoyos institucionales, ya sean estos tanto públicos como privados, religiosos o seculares, y aun populares capaces de movilizar grupos de individuos, frecuentemente pobres. Baudrillard, en la entrevista citada, aludía a la existencia de una red política paralela que conforma la sociedad real fuera de aquella que se invoca formada por representantes del pueblo, con una Justicia que se declama independiente pero que en la realidad también conforma el poder paralelo.
Un fenómeno que sociológicamente no se puede ignorar es que en la actividad económica la distinción legal-ilegal es por lo menos lábil, frecuentemente inexistente y que últimamente se ha puesto de manifiesto por la irrupción de noticias sobre innumerables sociedades offshore. Estas guaridas fiscales son el instrumento empresarial para sus actividades ilegales y lo más inquietante es que esos capitales no permanecen en esas guaridas como lo hacía Alí Babá en Las mil y una noches sino que ese capital está activo y utilizado por el capital financiero que necesita(n) prestarlo para cobrar un interés y así reproducirse.
Esto supone llevar adelante una política para la “creación” de deudores por el medio que sea, deudores que sean personas, empresas y/o países y utilizan para ello formas financieras sofisticadas, además de corromper funcionarios públicos para que endeuden y refinancien sus créditos ad eternum; algunos de estos grupos financieros encarnan lo que con benevolencia se les denomina holdouts y de manera más común “fondos buitre”, que han contado (y cuentan) hasta con amparo judicial que se suma al amplio mundo de la cuevas financierasoffshore que se constituyen de manera secreta para cometer ilegalidades. Cuentan además con innumerables lazos sociales entre empresarios, políticos, banqueros, abogados, traders, contadores, jueces, propietarios de inmuebles, gobernantes, CEOs, empleados fieles, testaferros u hombres de paja y otros intermediarios necesarios que trabajan coordinados para proteger los secretos financieros necesarios para mantener la impunidad penal y la inmunidad social que les reclaman sus clientes.
Estos grupos utilizan compañías anónimas que históricamente han sido por su carácter accionario una herramienta para involucrar a diferentes sectores sociales en estas maniobras, ya sea de manera consciente o inconsciente. Así pueden disfrazar los orígenes del dinero producto de actividades de lavado de dinero, evasión impositiva, como de ocultamiento de bienes para fines ilícitos y también el dinero proveniente del crimen organizado, el tráfico de drogas ilegales, la trata de personas, o diversas formas de contrabando entre otras actividades ilegales. Es de preguntarse por la sobrevivencia de estas actividades ilegales en el sistema político que se denomina democrático; esto pone en cuestión el uso del mantra “el estado de derecho” siempre invocado, invocación retórica que sirve de justificación del orden social dominado por un capital parasitario, el capital financiero actual causante de la desigualdad social.


 Héctor Daniel Fernández
Agosto de 2016

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