viernes, 16 de octubre de 2026

Entre la mediocridad y la orfandad

La crisis del contrato social, el ascenso de las nuevas derechas y el desafío ético del campo popular.

Entre la mediocridad y la orfandad
La crisis del contrato social, el ascenso de las nuevas derechas y el desafío ético del campo popular.

1. La perplejidad ante el cambio de época y la crisis de valores

​Los últimos resultados electorales en América del Sur —con el hito de Brasil y el proceso en Argentina— confirman una sensación inquietante que me genera más dudas que certezas: la dificultad para comprender los profundos y acelerados cambios sociales, políticos y económicos que atravesamos. Se suele decir que en los últimos años los oficialismos no reeligieron y que la regla es la derrota del que gobierna. Sin embargo, considero que nos enfrentamos a algo más profundo: un auténtico cambio de época, atravesado por múltiples dinámicas que resultan complejas de descifrar.

​Para una persona de mi generación, que militó en los años 70 con otros códigos, la realidad actual resulta desconcertante. Por más que uno intente actualizarse, cuesta entender el comportamiento de amplios sectores de la sociedad. Lo más desgarrador es la pérdida paulatina de principios éticos y morales. El histórico contrato social se desmorona a pedazos. Mientras tanto, un «nuevo contrato social» —aquel que debería repensar el pacto humano frente a la irrupción de la inteligencia artificial, fijando límites y derechos ante los sistemas autónomos— no termina de nacer. En ese vacío intermedio, la regla parece ser que «todo vale».

​2. La era del "Cambalache" digital: Neoliberalismo, redes sociales y la pérdida de ideales

​Quizás este fenómeno responda al avance acelerado de la inteligencia artificial, los algoritmos y las redes sociales: herramientas de comunicación diseñadas para moldear la subjetividad de las masas. Hay quienes denominan a este proceso «batalla cultural»; otros prefieren verlo como un ciclo pendular o una espiral descendente. En cualquier caso, cobra vigencia aquella frase de Discépolo en el tango Cambalache: «El mundo fue y será una porquería, ya lo sé».

​En este escenario, figuras de extrema derecha —personajes vulgares, extravagantes y de discursos violentos— acceden al poder por la vía democrática. En su totalidad alineados con los Estados Unidos y con Donald Trump como referente, restablecen vínculos que van mucho más allá de las históricas «relaciones carnales».

​Lo más sorprendente no es la mera alternancia entre signos políticos opuestos, sino la mediocridad y la pobreza intelectual de los líderes elegidos. Se trata de dirigentes con rasgos abiertamente xenófobos, sectarios e inhumanos que, en un pasado no muy lejano, habrían sido repudiados unánimemente tanto por la derecha tradicional como por el centro y la izquierda. Cabe preguntarse entonces: ¿es esta la sociedad que hemos construido? Resuena aquí la frase atribuida a André Malraux: «No es que los pueblos tengan los gobiernos que se merecen, sino que la gente tiene los gobernantes que se le parecen».

​Llama la atención la paradoja de que un pueblo vote y sostenga a líderes que prometen la «libertad» a través del sometimiento, la entrega del patrimonio nacional y la destrucción de las instituciones, en lugar de apostar por la esperanza de transformar lo que no funciona. Resulta difícil comprender si parte de la sociedad se encuentra tan decepcionada, agotada o manipulada que ha llegado al extremo inaudito de "afilar el hacha de su propio verdugo".

​3. Geopolítica, el rol de las élites y la erosión institucional

​A este panorama interno se suma la injerencia geopolítica. Hemos visto a Donald Trump actuar como gendarme global y a sus embajadores comportarse como virreyes, advirtiendo que utilizarán la presión económica o la fuerza para garantizar la llegada al poder de candidatos alineados con sus intereses. Plan Cóndor II.

​Frente a esto, la incertidumbre institucional es total:

​¿Existen garantías democráticas? Si la oposición gana una elección futura, ¿reconocerá el oficialismo la derrota o se repetirán los episodios de desestabilización vistos con Trump o Bolsonaro?

​¿Qué ocurrirá con el Poder Judicial? Si un futuro gobierno intenta recuperar la soberanía nacional, revisar el RIGI o modificar las reformas laborales, hacer una reforma judicial, impuestos a las energéticas, a las grandes fortunas, entre otras medidas ¿el Poder Judicial —al servicio del poder económico— bloqueará las medidas populares o llegaremos a situaciones de encrucijada institucional? Que se hará con el Poder Judicial y la Corte Suprema?

​¿Qué papel jugarán los poderes concentrados? Los magnates tecnológicos, el sector financiero y los grandes grupos económicos respaldan a estas opciones políticas con el claro objetivo de apropiarse de industrias clave, agua potable y tierras ricas en minerales estratégicos.

​Asistimos a una pugna entre dos modelos globales: uno dominado por magnates y corporaciones trasnacionales (Estados Unidos y sus aliados) y otro articulado por Estados fuertes conducidos por partidos hegemónicos (China y Rusia). En este tablero, la decadencia ética de las élites locales se hace evidente cuando los grandes empresarios aplauden y respaldan a figuras como Javier Milei, confirmando que para los poderes económicos el "fin siempre justifica los medios".

​4. La crisis de la representación, el individualismo y la fractura social

​Esta inestabilidad política refleja también una profunda insatisfacción social: hoy ninguna propuesta política logra satisfacer las demandas de la población. 

Aunque las redes nos conectan digitalmente, la precarización, el pluriempleo, las extensas jornadas laborales y la escasez de recursos han erosionado el contacto humano, el diálogo presencial y la calidez del encuentro comunitario.

Los inmorales nos han igualado: Radiografía del nuevo pacto social.

​A la par, se observa una marcada pérdida de sentido crítico. Se repiten discursos de redes y medios sin verificar su veracidad. 

La verdad perdió su valor y está "herida por un sable sin remache". En este terreno de la posverdad, un influencer sin trayectoria ni preparación ocupa un lugar de credibilidad superior al de un docente, un médico, un científico o un trabajador calificado, evidenciando una severa desvalorización del debate público y del propio acto del voto.

​Entre la juventud, se ha instalado la idea de que el trabajo formal ya no garantiza el progreso social ni la movilidad ascendente. Esto empuja a muchos jóvenes a buscar dinero rápido a través de la especulación financiera, la ludopatía digital o las redes informales y, en los sectores más postergados o vulnerables se observa el reclutamiento por parte del narcotráfico.

​Frente a esta realidad, es indispensable una autocrítica del campo popular:

​Aburguesamiento y falta de formación política: Durante años se asumió que los derechos conquistados estaban consolidados. Se mejoró la calidad de vida de millones de ciudadanos permitiendo el ascenso social, pero no se trabajó suficientemente en la formación de la conciencia política.

El vacío de representación y la huerfana política

​Existe una brecha abismal entre representantes y representados. El ciudadano común percibe que las decisiones se toman en esferas lejanas, lo que convierte a la democracia formal en una aceptación pasiva o un rechazo furioso. La política pasó de ser una vocación revolucionaria —donde en los 70 se arriesgaba la vida por el otro— a convertirse en una simple salida laboral. Falta un liderazgo cercano, auténtico y creíble que ponga los intereses de la Patria por encima de toda disputas.  Basta de diagnósticos: La necesidad imperiosa de reconstruir el proyecto nacional.

Es hora de pasar a la acción. Decir que se va hacer.

​Perón logró interpretar en su momento las necesidades de un pueblo postergado porque caminaba a su lado; de allí la vigencia de su doctrina y la gesta del 17 de octubre. En el caso del peronismo, hoy, la base histórica del movimiento, trabajadores y los sectores humildes, se encuentra huérfana y parte apoya la propuesta ultraliberal. 

Los sindicatos y las centrales obreras atraviesan una severa crisis de legitimidad y pérdida de afiliados, permitiendo que la precarización y la informalidad se consoliden como la "nueva normalidad".

Una dirigencia ensimismada en disputas internas de palacio no alcanza a dimensionar la gravedad del momento. 

Se olvidó la premisa fundamental: «Primero la Patria, después el Movimiento y luego los hombres».

Individualismo y resignación 

​Esta desintegración se refleja en el territorio. En los barrios populares, la ausencia del Estado y la pérdida de rol de la escuela y los sindicatos han permitido que el narcotráfico ocupe el lugar de empleador, prestamista, juez y policía. La solidaridad comunitaria ha sido desplazada por el individualismo y la resignación: hoy la sociedad no explota en las calles en la medida de las necesidades acuciantes que se vive, sino que implosiona en el seno de las familias, a través de un desgaste silencioso signado por la angustia y la depresión.

​5. Conclusión: Recomponer la esperanza y la vocación democrática

La encrucijada está en seguir siendo un país de mediocres e inhumanos o pasar a ser una nación próspera, libre, justa y soberana.

​No podemos resignarnos a que un régimen autoritario, adicto al odio, la descalificación, lo vulgar y la violencia se consoliden como la norma de convivencia ni a que esta democracia devaluada se vuelva definitiva.

​Ante una política reducida a la búsqueda de salidas individuales o ventajas personales, es necesario recuperar la vocación colectiva que primaba en los años 70, basada en la empatía, el compromiso con el otro y la defensa irrenunciable del interés nacional. Debemos avanzar hacia una democracia más participativa y directa, donde la voluntad popular sea respetada y canalizada.

​Como suele decirse, los pueblos no se suicidan. Es tiempo de reconstruir un proyecto de país para todos, sostenido sobre pilares firmes: la solidaridad, la justicia social, el trabajo digno, la verdad y el bien común.

Somos la luz frente la tiniebla.

Somos la esperanza frente la resignación.

Somos el amor frente al odio.  Somos la libertad frente la represión.

Somos la democracia frente el autoritarismo. 


Daniel Fernández 
Octubre 2026

No hay comentarios:

Entre la mediocridad y la orfandad

La crisis del contrato social, el ascenso de las nuevas derechas y el desafío ético del campo popular. Entre la mediocridad y la orfandad La...