De la culpa individual al saqueo colectivo
Bajo el dogma de la responsabilidad individual, pretenden ocultar que la realidad material de la gente no la determinan las voluntades aisladas, sino las políticas públicas, los modelos económicos y los intereses de clase a los que estas benefician o perjudican.
Nos han hecho creer que nuestro país es inviable, que nuestra gente es estructuralmente vaga y corrupta. Han instalado una pedagogía de la culpa:
Si te endeudás, es por tu mala cabeza, y no porque los salarios reales son tan paupérrimos que no alcanzan para cubrir la canasta básica, los servicios desregulados, el alquiler o el transporte público.
Si te quedás sin trabajo, es por tu falta de capacitación.
Si las PyMEs y empresas cierran, es por "mala administración" de los comerciantes, ignorando la destrucción deliberada del mercado interno y la apertura asimétrica de importaciones.
Si sos pobre o terminás viviendo en la calle, la culpa es exclusivamente tuya.
La deshumanización ha llegado al extremo de la estética urbana: se quejan de que los indigentes —cuyo número crece exponencialmente— rompen las bolsas de basura, en lugar de indignarse porque hay seres humanos buscando comida en los desechos. Peor aún, buscan criminalizar y sancionar a las iglesias y organizaciones sociales que sostienen comedores populares bajo el argumento de que "afean la ciudad" al asistir a los desamparados, anteponiendo la cosmética urbana a la empatía y la dignidad humana elemental.
Este cinismo se replica en todos los niveles. Con la estafa del caso "Libra", la retórica oficial culpabilizó a las víctimas que perdieron sus ahorros por "ingenuas", en lugar de perseguir y señalar a los estafadores y la falta de controles financieros estatales.
La pedagogía del sacrificio asimétrico
La respuesta oficial ante el colapso cotidiano roza el sadismo discursivo:
"Si no podés pagar la calefacción, abrigate. Si no te alcanza para el colectivo, caminá. Si el sueldo no te alcanza, comé una sola vez al día o trabajá 14 horas diarias".
Así opera la matriz de la crueldad libertaria: el ajuste nunca lo paga "la casta", siempre recae sobre las espaldas del pueblo.
Primero exigieron unos meses de paciencia bajo la promesa de que un "ajuste salvaje" era el único camino hacia la luz al final del túnel. Luego, dilataron los plazos pidiendo un par de años más. Tras superar las elecciones de medio término, la receta se repite: más paciencia, mientras la calidad de vida se desmorona, el consumo se desploma y las familias caen por debajo de la línea de pobreza. Ahora, la nueva zanahoria para seguir postergando el bienestar es la reelección; un nuevo período presidencial.
Nos toman por estúpidos. Mientras nos piden "hacer el aguante" en la miseria absoluta, se consolida una fenomenal transferencia de recursos hacia el sector más concentrado y rico de la población. Detrás de la fachada de la pureza ideológica, operan las viejas prácticas: prebendas, coimas, y la compra de voluntades de gobernadores, senadores y diputados para asegurar el andamiaje legal del saqueo.
El mesianismo como trampa histórica: Galtieri y Milei
Existe un paralelismo trágico entre la soberbia de Leopoldo Fortunato Galtieri y la gestión de Javier Milei. Ambos líderes, cegados por dogmas y ambiciones de posteridad, decidieron inmolar al pueblo argentino antes que reconocer el fracaso de sus proyectos.
Galtieri nos arrastró a una guerra desigual y desesperada para salvar un régimen dictatorial en decadencia, enviando al matadero a jóvenes conscriptos sin preparación, sin equipamiento y sin abrigo, mientras la cúpula militar tomaba whisky y decidía el destino de la patria al calor de los despachos en la Casa Rosada.
Milei, con su fundamentalismo de mercado, aplica teorías económicas anacrónicas que dejan a más de la mitad del país fuera del sistema. Desmantela el Estado para eliminar cualquier tipo de regulación sobre los monopolios, rifa los recursos naturales estratégicos, destruye las empresas públicas que eran vanguardia científica y tecnológica, y nos somete a un endeudamiento brutal.
Ambos procesos comparten la misma matriz: el desprecio por la vida de las mayorías en pos de un delirio de grandeza individual. El resultado de este experimento libertario no es la libertad; es la entrega soberana y la degradación planificada que nos empuja, sin el más mínimo pudor, a convertirnos en un triste enclave colonia de descarte.
Daniel Fernández
Julio 2026

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