Queda hoy bajo la luz de los hechos que esta administración no es más que una cleptocracia de la mediocridad, compuesta por marginales, trepadores e improvisados con afecto a la corrupción. Esta facción, tras irrumpir de forma azarosa en el poder, se ha dedicado a desvalijar el Estado con la urgencia frenética de quien se sabe efímero. Son el síntoma de una sociedad en crisis, frustrada y desesperanzada, manipulada por los hilos invisibles de algoritmos e inteligencias artificiales, pero también protegida por una complacencia social que roza la complicidad.
Todo es fruto del enfermiso odio masoquista de un sector de la sociedad "anti peronista".
Mientras el tejido social se desgarra, el poder económico —tanto el enclave financiero local como el capital extractivista extranjero— aplaude y sostiene este asalto. El objetivo es nítido: la enajenación de la soberanía y la captura a precio vil de los recursos estratégicos de la Nación. Este proyecto de entrega se completa con una subordinación servil (Donald Trump y Benjamín Netanyahu), a intereses geopolíticos ajenos, alineándose ciegamente con agendas externas que condenan nuestra soberanía.
La podredumbre institucional emerge en cada estrato de la gestión, manifestándose en una serie de hitos de impunidad:
Desde las irregularidades del "Caso Libra" hasta el entramado de coimas, retornos y sobornos en la ANDIS.
Los sobreprecios en el área de discapacidad y el ingreso impune de vuelos privados sin controles aduaneros, que sugieren un retorno a las prácticas más oscuras del contrabando y venta de influencias.
Un festival de viajes suntuosos, préstamos millonarios del Banco Nación otorgados a la propia casta de funcionarios y el crecimiento patrimonial injustificado.
La crueldad alcanza su cenit en la gestión del hambre: resulta moralmente intolerable el secuestro de alimentos en galpones mientras los comedores populares quedan desiertos. Los apellidos vinculados a este proceso de desguace —Milei, Menem, Sturzenegger, Caputo, Adorni, Reidel, Espert, Villaverde, Pettovello— serán algunos que quedarán inscriptos en la historia como los artífices de un vaciamiento sin precedentes.
La Falacia del Ajuste: "No hay plata" (para el pueblo)
La consigna de la escasez es, quizás, la mentira más violenta de nuestra historia moderna. El "no hay plata" es una sentencia selectiva contra los vulnerables.
Se niegan medicamentos a jubilados y recursos a personas con discapacidad.
Se asfixia a las universidades, se desmantela el sistema científico-tecnológico y se desfinancia la salud pública.
El desmantelamiento de organismos técnicos y científicos demuestra que el objetivo no es el equilibrio fiscal, sino la ignorancia programada. Un pueblo sin educación ni ciencia es un pueblo incapaz de resistir el despojo.
Estamos ante un plan siniestro y malvado de desguase, entrega y demolición social. Es un método diseñado para arrasar el tejido nacional, empujando a las mayorías hacia una marginalidad irreversible. En su esencia, se trata de un genocidio social que busca reducir a cenizas el porvenir de la Nación para construir, sobre sus ruinas, un modelo de exclusión y servidumbre.
"Nada cambiará mientras no se depure y democratice la justicia, y se meta en cintura al poder económico. Solo así este podrá aportar al progreso del país y al bienestar del pueblo, en lugar de creerse su dueño. El objetivo final debe ser democratizar la felicidad, la alegría y el placer de las grandes mayorías."
"El viejo mundo se muere. El nuevo tarda en aparecer. Y en ese claroscuro surgen los monstruos."
"El presente momento histórico es de una gravedad indecible, sus consecuencias pueden ser gravísimas, hagamos de tal modo que se resuelva el mayor número posible de las cuestiones dejadas irresueltas por el pasado y que la humanidad pueda volver a emprender su camino."
Antonio Gramsci
Mayo 2026
Daniel Fernández

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